Ensayo- Brave New World

¿Un mundo feliz?

En el siguiente ensayo, se contrapondrá la idea de el mundo feliz que Huxley presenta, frente a los conocimientos adquiridos a lo largo del curso Teoría de la Cultura, en el que se estudiaron y discutieron,  los invaluables aportes de Freud con respecto a la cultura, sus malestares y las vías que el mundo ofrece al sujeto para evitar o cancelar parcialmente su dolor. Sobra aclarar lo alucinante que resulta, estudiar en el año 2009, obras escritas en las décadas de los 20’s y 30’s que ofrezcan perspectivas de la vida tan asertivas de lo que es la realidad de hoy.

Dijo el hombre Salvaje al hombre Civilizado:

“-Pues yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero poesía, quiero peligro real, quiero libertad, quiero bondad, quiero pecado.

-En suma –dijo Mustafa Mond-, usted reclama el derecho a ser desgraciado.

-Muy bien, de acuerdo –dijo el Salvaje, en tono de reto. Reclamo el derecho a ser desgraciado.

-Esto sin hablar del derecho a envejecer, a volverse feo e impotente, el derecho a tener sífilis y cáncer, el derecho a pasar hambre, el derecho a ser piojoso, el derecho a vivir en el temor constante de lo que pueda ocurrir mañana; el derecho a pillar un tifus; el derecho a ser atormentado.

Siguió un largo silencio.

-Reclamo todos esos derechos –concluyo el Salvaje.” (Huxley, 1932, p. 155).

Freud en su Malestar en la Cultura, nos plantea como ante el inevitable dolor que acompaña al ser humano durante su existencia, este se ha llegado a cuestionar, si quizás sería más feliz volviendo a las condiciones primitivas, y dejando de lado todo el carácter represor y condenatorio que la cultura impone sobre él.

“Enuncia que gran parte de de la culpa por nuestra miseria la tiene lo que se llama nuestra cultura; seríamos mucho más felices si la resignáramos y volviéramos a encontrarnos en condiciones primitivas.” (Freud, 1929, p.85).

Es comprensible entonces, que un individuo acostumbrado a su realidad salvaje, que había  conocido lo que era el amor de su madre, el rechazo de sus otros semejantes, el enamoramiento apasionado que se puede experimentar pocas veces en la vida; un sujeto que conocía lo que era esforzarse por lograr conseguir lo que deseaba y sabía también lo que era no lograrlo, que había sudado, trabajado y sufrido, le fuese imposible encontrar paz y tranquilidad en este llamado, mundo feliz.

Este hombre Salvaje, que había estado inmerso en una cultura absolutamente ajena a esta que se le presentaba repentinamente frente a sus ojos, donde  la mujer a quien amaba se le lanzaba a sus brazos implorando sexo sin pedir amor, donde se le señalaba por llorar desesperadamente la muerte de su madre, no podía sino perder el juicio.

¿Y cómo no?,  si el amor era un sentimiento ajeno en ese mundo, donde se encontraba atrapado, donde justificaban la ausencia de este, bajo el disfraz de que este intenso sentimiento era fuente de sufrimiento y lo que se quería, era un mundo feliz. No podía concebirse para este Salvaje, cómo el objetivo de lograr una sociedad estable, organizada y feliz, podía darse sin la existencia del vínculo emocional más fuerte de todos: la familia y el amor que de ella deriva:

“Amor designa el vinculo entre varón y mujer, que fundaron una familia sobre las bases de sus necesidades genitales; pero también se da ese nombre a los sentimientos positivos entre padres e hijos, entre los hermanos dentro de la familia…” (Freud, 1929, p.100).

Los seres humanos, como seres sociales que son, no pueden vivir en sociedad sin que haya un conjunto de normas (leyes, reglas) que hagan esta convivencia posible, aun cuando sus miembros  hayan sido predestinados y condicionados para adormecer sus deseos propios y cumplir el rol que les había sido impuesto de antemano. Se necesita una estructura que haga posible la estabilidad.

“Bástenos, pues, con repetir que la palabra “cultura” designa toda la suma de   operaciones y normas que distancian nuestra vida de la de nuestros antepasados animales, y que sirven a dos fines: la protección del ser humano frente a la naturaleza y la regulación de los vínculos recíprocos entre los hombres” (Freud, 1929, p.88).

La cultura es todo esto que  permite a la raza humana sobrevivir, y aunque distinta a la que se conoce, la cultura que  la sociedad civilizada de “Un Mundo Feliz” propone es, una “otra cultura”, igualmente regida por normas que permiten que la convivencia sea posible. Regida por desarrollo y tecnología que les protege de las fuerzas de la naturaleza y que hace posible que las condiciones de vida de este nuevo mundo, sean exactamente las convenientes para una economía prospera y una comunidad estable y organizada.

Y por qué se habría de crear toda esta suma de condiciones que moderaran el deseo individual ante el deseo social, sino por el hecho, de que cada individuo es dueño de su propia subjetividad. Si no fuera por esta condición de sujetos únicos propia de la raza humana, no habría sido necesaria la producción de leyes que mediaran millones de deseos que inevitablemente chocaría unos con otros, terminando por derribar el deseo del más débil, quien poseyera la fuerza física y la inteligencia suficiente para imponerse a sus otros.

“Ahora el poder de esta comunidad se contrapone, como el ‘derecho’, al poder del individuo, que es condenado como ‘violencia bruta’. Esta sustitución del poder del individuo por el de la comunidad es el paso cultural decisivo.” (Freud, 1929, p.94).

Huxley presenta un nuevo mundo, en el que sus habitantes son condicionados y predeterminados, para eliminar en ellos la frustración, el sufrimiento, la insatisfacción e incluso la locura, que la familia y la sociedad transmiten inevitablemente al sujeto, al criarlo formando vínculos afectivos indisolubles y llenándolo de expectativas e ideales, quizá inalcanzables para la gran mayoría.

Esta sociedad civilizada intenta deshacerse  de  características propias de la raza, en miras de obtener sujetos felices, que no piensen en sus propios deseos y que no cuestionen, ni el fin de su existencia, ni la autoridad. Es una propuesta que elimina la “humanidad” de la raza humana (como la fertilidad de las mujeres y hombres que a partir de vínculos físicos y emocionales pueden procrear), a cambio de productividad masiva, de sujetos sin identidad propia, que mantienen la economía funcionando a la perfección (el estándar de perfección, es por supuesto, impuesto a la mayoría por una minoría).

“El deseo insaciable del ser humano por controlar a los demás seres humanos y a la naturaleza misma, es infinito, insatisfacible.” (Huxley, 1932, p. 14).

¿Ser felices o no sufrir?

“¿Qué es lo que los seres humanos mismos, dejan discernir, por su conducta, como fin y propósito de su vida? ¿Qué es lo que exigen de ella, lo que en ella quieren alcanzar? No es difícil acertar con la respuesta: quieren alcanzar la dicha, conseguir la felicidad y mantenerla. Esta aspiración tiene dos costados, una meta positiva y otra negativa: por una parte quieren la ausencia de dolor y de displacer; por la otra, vivenciar intensos sentimientos de placer” (Freud. 1929. p. 76)

En el Malestar en la Cultura, Freud transmite de forma precisa, como evitar dolor y buscar placer, son dos conceptos que tienden a ser  ligados, pero que sin duda apuntan a diferentes objetivos. Por un lado se puede abordar el evitar el sufrimiento y/o el dolor como objetivo de todo sujeto, y por otro, alcanzar el placer.

Estos dos blancos  se pretendieron alcanzar por medio del condicionamiento por el que estos sujetos pasaron, sin embargo, fue imposible eliminar ambos en la totalidad.

Por un lado se intento eliminar el sufrimiento o al menos  evitar que el dolor se hiciera presente en el día a día  de estos individuos, pero para lograr que en su vida adulta estos sujetos no sufrieran, tuvieron que hacerlos pasar en su temprana infancia, por tremendas cantidades de dolor que los convirtieran en sujetos satisfechos y conformes con lo que les correspondía ser, tener y hacer:

“…ahora pasemos a reforzar la lección con un pequeño shock eléctrico… los chillidos de los pequeños cambiaron súbitamente de tono. Había algo desesperado, algo casi demencial, en los gritos agudos, espasmódicos, que brotaban de sus labios. Sus cuerpecitos se retorcían y cobraban rigidez; sus miembros se agitaban bruscamente, como obedeciendo a los tirones de alambres invisibles.” (Huxley, 1932, p. 19).

No es posible entonces pensar en eliminar el dolor por completo, ya que inclusive una sociedad que pretendía ser lo más perfecta posible, se sirvió del dolor y el sufrimiento, en su intento por eliminarlo.

Por otro lado, la felicidad, objetivo al que se apunta, adormeciendo los deseos  de cada individuo, negándoles la educación  y  la historia, para que así no puedan desarrollar gustos o aspiraciones propias. Mucho menos podía permitirse, que conocieran lo suficiente como para que cuestionaran lo que hacían o quienes eran debido a la insatisfacción personal. Eran condicionados a ser quienes estaban predestinados a ser.

“…sin embargo, mientras menos sepa uno sobre el pasado y el presente, tanto más incierto será el juicio que pronuncie sobre el porvenir.” (Freud, 1927, p.5).

Entiéndase entonces,  que el conocimiento es peligroso, si el objetivo es que el sujeto no cuestione su quehacer futuro. En esta sociedad civilizada de Un Mundo Feliz, el conocimiento empírico no podía estar al alcance de sujetos que debían encontrarse satisfechos con quienes eran y si se pretendía evadir el caos que representaría el hecho de que tan solo un miembro, deseara cambiar su función en la sociedad.

No obstante, esto tampoco se logra en la totalidad, ya que con solo que un individuo se saliera de la norma, siendo un poco más o un poco menos de lo pre-establecido, de lo que le correspondía, se le imposibilitaría esta felicidad absoluta a la que se apuntaba, ya que este deseo de ser únicos, que los seres humanos llevan por dentro, debía de reprimirse, causando angustia a quien lo experimentaba, aunque fuera por tan solo unos instantes.

Se plantea un mundo en el que no hay familia, no hay vínculos  afectivos lo bastante intensos, no hay dioses ni religión, no hay vejez, no hay enfermedad ni temor a la muerte, no hay individualismo, no hay ambición ni cambio. Todo esto pretendiendo establecer una raza humana que carece de toda condición humanizadora que busque lo suyo propio, para así, eliminar por completo el sufrimiento. Queda claro que no se logró esto tampoco.

“Actualmente el mundo es estable. La gente es feliz; tiene lo que desea, y nunca desea lo que no puede obtener. Está a gusto; está a salvo; nunca está enferma; no teme la muerte; ignora la pasión y la vejez; no hay padres ni madres que estorben; no hay esposas, ni hijos, ni amores excesivamente fuertes. Nuestros hombres están condicionados de modo que apenas pueden obrar de otro modo que como deben obrar. Y si algo marcha mal, siempre queda el soma.” (Huxley, 1932, p. 143).

Claramente los seres humanos, no pueden existir sin todos estos elementos previamente mencionados, ya que el mundo feliz que se idearon, no los elimina por completo sino que  ofrece a cambio, sustitutos a todos estos aspectos que necesitan saciarse de una u otra forma.

No hay dioses, ni religión, sin embargo, si hay un Ford a quien adorar.  No hay cruz cristiana, pero hay “T”, no hay misa, pero hay ceremonias de adoración, donde se comparte  ese “soma consagrado” y esa “copa del amor”.  Tienen  órdenes  jerárquicos,  todo un conjunto de normas morales, creadas  por hombres, donde cualquier conducta que se salga de lo considerado moralmente aceptado, es condenada como incorrecta; necesita de absolución. Cualquier individuo q se comportara de manera anormal, sería juzgado y señalado.

No hay madres ni padres que inculquen valores morales e inserten a sus hijos en la cultura, pero si hay institutos que condicionan y predisponen a estos sujetos para que cumplan con lo esperado. Son educados y criados por enfermeras y grabaciones, pero son criados:

“Para esto se precisan las palabras, pero palabras sin razonamiento. En suma, la hipnopédia. –La mayor fuerza socializadora y moralizadora de todos los tiempos.” (Huxley, 1932, p. 24).

Son condicionados para no experimentar emociones fuertes que los hagan amar o desear, ni a un objeto ni a otro sujeto, porque es necesario que siempre estén satisfechos con lo que tienen, que no piensen en cambiar o querer cambiar, que no sufran por amor, que crean tener una vida plena.

“Destruir su condicionamiento ante la muerte con aquella explosión asquerosa de dolor, como si la muerte fuese algo horrible, como si alguien pudiera llagar a importar tanto.” (Huxley, 1932, p. 133).

¿Cómo escapar?

El error humano es inevitable, inclusive en la producción masiva e industrializada de sujetos pre-condicionados. El individualismo surgirá en alguno y el sufrimiento o la angustia también, y Huxley lo deja en evidencia, planteando que su Mundo Feliz, no puede ser posible, sin que falten dos elementos que en la cultura deben de existir: las drogas, como sustractoras de la realidad o facilitadoras para el sujeto doliente, y el castigo para quienes rompen las normas establecidas. El soma (como droga) y  las islas (como cárceles).

Aun cuando todo está pensado para que sean felices, para que nunca estén en falta, no hay forma de evitar que el sujeto sienta malestar, por lo tanto, parte de esta sociedad perfecta, está garantizado por medio del soma.

“Crearon la droga perfecta: eufórica, narcótica, agradablemente alucinante.” (Huxley, 1932, p. 39)

No fue posible crear una cultura sin que las drogas existieran.

Se pretende concebir millones de sujetos que no experimenten privación ni frustración, que no sepan lo que es desear, por ende, que no sepan lo que es vivir en falta. Sin embargo, dado que no pueden eliminar las emociones humanas por completo (las condicionan pero no las eliminan), es de esperar que en determinado momento, estos individuos vayan a sentir desesperación o frustración y simplemente deseos de escapar de la realidad que los atormenta, por lo que son también condicionados (ni si quiera tienen que buscarla) a consumir cierta dosis de soma  diaria, que los desconecta totalmente de la realidad, regalándoles “vacaciones” instantáneas de su cotidianidad.

“¿qué sensación experimentaría, si fuera libre, si no me hallara esclavizado por el condicionamiento? (…) y lo que menos comprendo es por qué no tomas soma cuando se te ocurren esta clase de ideas. Si lo tomaras olvidarías todo eso. Y en lugar de sentirte desdichado serias feliz. Muy feliz. Repitió.” (Huxley, 1932, p. 61).

Por último está el castigo.  Aunque quisieron crear el mundo perfecto, no pueden evitar que existan sujetos que se salgan de la norma. No ser lo que esta sociedad espera de ellos, es motivo para infelicidad, frustración e inclusive castigo.

Quien no cumple con lo socialmente aprobado, tiene que ser sustraído de la sociedad, para evitar la inestabilidad. Las normas están hechas para no ser cuestionadas. No hay cárceles, tales como las conocemos nosotros, pero si hay islas -valga la redundancia, donde estos sujetos estarán aislados- a donde todo quien rompa con la estabilidad y el orden establecido, será enviado.

El deseo de un individuo por sentirse distinto a los demás, por sentirse único en una sociedad donde la norma era el ser idéntico a sus otros semejantes, es la viva prueba de que el deseo y la subjetividad de cada sujeto, no es nunca igual al del otro, aunque las masas sean condicionadas para reprimir sus deseos propios, estos siempre emergen, en unos más fuertes que en otros:

“…crecido, exultante ante el pensamiento de que se hallaba solo, enzarzado en una lucha heroica contra el orden de las cosas; animado por la embriagadora consciencia de su significación e importancia individual. Ni siquiera la amenaza de un castigo le desanimaba; más bien constituía para él un estimulante.” (Huxley, 1932, p. 66).

Quizá estas tres creaciones (la adoración a Ford, el soma y las islas), fueron  previstas ante la formulación de una sociedad, en la que el amor no jugaba parte, la culpa tampoco y por ende mucho menos la conciencia moral:

“Llamamos ‘conciencia de culpa’ a la tensión entre el superyó que se ha vuelto severo y el yo que le está sometido. Se exterioriza como necesidad de castigo.” (Freud, 1292, p.119).

Debían existir medios para sustraer a los sujetos cuando se sintieran abatidos; formas de hacerlos adorar a “algo/alguien”; y  formas de castigarles si rompían el orden establecido. Ante la ausencia del amor, no  se contaba con la poderosa herramienta de la culpa y aun menos con el tan temido pavor a la pérdida del amor.

“Por consiguiente, lo malo es, en un comienzo, aquello por lo cual uno es amenazado con la perdida de amor; y es preciso evitarlo por la angustia frente a esa perdida”. (Freud, 1929, p.120).

Se necesitaba el soma, a Ford y las islas alienatorias, para poder dar la fachada de que habían logrado crear su mundo feliz.

Por ende cabe concluir, que si el objetivo al que apunta la sociedad planteada por Huxley, es  que todo sujeto sea feliz, y el consumismo alimente la economía mundial en miras de seguir desarrollando tecnología y avances nuevos, aun creando un mundo nuevo, no pudieron escindir de vías de escape que el sujeto utilice para sustraerse de la realidad y de lugares donde alienar a los sujetos que rompieran con las normas establecidas, crearon un cambio de presentación pero no rompieron con lo que actualmente conocemos.

“Lost my love, lost my life, in this garden of fear.

I have seen many things, in a lifetime alone.

Mother love is no more, bring this savage back home.

What you see is not real, those who know will not tell.

All is lost, sold your souls to this brave new world.

Los my life, lost my dreams, rip the bones from my flesh.

Silent screams laughing here, dying to tell you the truth.

You are planned and you are damned in this brave new word.”

Iron Maiden

Llámese cultura de los salvajes o cultura de los civilizados, cultura es cultura; hace posible la convivencia y la supervivencia de la raza humana, reprime y produce malestar y definitivamente no podemos escapar de ella.

Estos sujetos que creían ser felices, no eran más que una industrializada producción humana, donde perdían su derecho al amor, a una madre, donde lo que se veía no era la realidad; sujetos sin sueños, sin vida propia, creados y condenados para ser los habitantes de un mundo feliz.


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