El Otro y el otro

Concepto: El Otro (A) y el otro (a)

Freud había hecho referencia en su obra a la palabra “otro” refiriéndose a las otras personas así como el término “otredad”, sin embargo, Lacan desarrolla su concepto de “otro” basándose en la obra de Hegel.

El concepto aparece en la obra de Lacan, haciendo referencia inicialmente a las otras personas, en la década de los 30’s, pero a partir de 1955, en el seminario 2,  comienza a marcar la distinción entre el otro pequeño y el gran Otro pero no es sino hasta el último capítulo de su Seminario 4 cuando la distinción aparece practicamente construida. El Otro se designa en el álgebra lacaniana con la letra A (por las palabras francesas Autre). Esta diferencia, va a ser fundamental para el resto de la obra lacaniana.

El pequeño otro (a), se refiere tanto al otro semejante como a la imagen especular, en tanto el otro semejante no es más que una proyección o reflejo del yo. Es así, como es la letra a la que puede referirse tanto al yo como al pequeño otro en el Esquema L, quedando de esta manera inscrito en el orden imaginario en su totalidad.

El gran Otro se refiere a una otredad que va mas allá de lo imaginario, ya que es una alteridad radical, inasimilable, que contiene la ley y el lenguaje, quedando inscrito en el orden de lo simbólico. Es en la medida de que el Otro es particular para cada sujeto, que el Otro no solo pertenece a lo simbólico sino que es lo simbólico. De esta manera, el gran Otro, es tanto el sujeto que ocupa el lugar de alteridad radical como el orden de lo simbólico (ley, lenguaje, cultura) que aparece como mediador entre el sujeto que ocupa el lugar de gran Otro y el pequeño otro.

En Lacan el Otro es al mismo tiempo el prójimo (cada otro sujeto por separado) y todo el conjunto de sujetos que constituyen a la cultura y la sociedad desde el origen de la humanidad. Entonces, el Otro es llamado el tesoro de los significantes y es de esa entidad que cada sujeto particularmente recibe o atrapa los significantes.

El Otro es y  no es sujeto. Es porque no va a haber Otro sin un sujeto que lo encarne y a la vez, ningún sujeto va a coincidir totalmente con ese Otro por que encarnarlo no implica subjetivizarlo. ¿Por qué? Ya dijimos que el Otro como lugar, es el ‘tesoro de los significantes’, sin embargo ningún sujeto es dueño y posee todos los significantes, por lo que nadie lo sabe y puede todo, o sea que el Otro completo, absoluto y total es una construcción imaginaria.

El lugar A va a responder a un orden simbólico (la palabra, la ley, la cultura) que no tiene corporalidad, es decir que no está referido a algo que podamos tocar, sino que es vacío y sustituible: “El gran Otro debe ser comprendido como un lugar en el cual la palabra se constituye.” (Lacan, 1955: 274).

Entonces, cualquier otro semejante puede hacer función de Otro. En un principio, usualmente quien ejerza la función de  madre ocupara este lugar,  pero luego cualquier otro puede encarnar al Otro. Un sujeto tan solo puede “(…) encarnar ese lugar para otro sujeto.” (Lacan, 1960-61: 202).

Ya dijimos entonces que el Otro es y no es sujeto,  aunque el Otro puede ser encarnado ya sea por un sujeto,  por el objeto voz o el objeto mirada, en realidad ningún otro coincide con ese ‘completamente Otro’. Así, el Otro es una entidad que habla, que domina su lengua, que va a ser el soporte, que va a encarnar o ser el lugar en donde el sujeto recibe su mensaje invertido. Recordemos, que el mensaje es siempre del sujeto pero este no se puede apropiar de ese mensaje si no pasa primer por el Otro; el Otro sanciona, hace corte y cualquiera puede ser el Otro para alguien.

El cachorro humano no sobrevive ni tiene posibilidad de convertirse en sujeto sin un Otro que lo hable. El sujeto más que hablante es hablado y es pensado por el Otro. Desde el Otro es que el sujeto posee un lenguaje y es desde el Otro que el sujeto piensa. Así, al constituirse cada sujeto a partir del Otro, también resulta ser el deseo instalado en cada sujeto, un deseo proveniente del Otro y dirigido hacia el Otro: el deseo es el deseo del Otro.

Lacan plantea que la palabra y el lenguaje no se originan en el sujeto, sino que se originan en el Otro y anteceden al sujeto. Y es que la palabra, el lenguaje y los significantes se encuentran en la alteridad radical del Otro. Al mismo tiempo, es el Otro un lugar de deseo, la otra escena, lugar inconsciente donde la metonimia y la metáfora tienen su efecto.

Esto solo viene a subrayar el hecho de que la palabra y el lenguaje no son propios de la conciencia del sujeto, no se originan en el yo, sino que vienen de otro lugar que está más allá de la conciencia, o sea, el inconciente. Por esto se sostiene que “el inconciente es el discurso del Otro.” (Evans, 1997: 732).

Si hablamos de palabras, hablamos de un orden de relaciones simbólicas, si es mediante el juego del significante en sus desfiladeros que pesquisamos el inconciente y el deseo que se inscribe en él. El inconciente es todo aquello que es parte de la historia del sujeto, que aparece como un blanco, es lo que le falta al sujeto para poder dar continuidad a su discurso (conciente); ese campo es donde se ubica el Otro.

A partir de 1957, Lacan presenta gráficamente, al Otro barrado (A/). Este concepto denomina al sujeto que ocupa el lugar de gran Otro, pero apareciendo ahora como un sujeto en falta, no completo y absoluto, recalcando el hecho de que el Otro, en el que se constituyen todos los significantes, falta uno; está incompleto, de manera tal que el Otro completo (A) no existe, es mítico.


About this entry