El Patriarca Mutilado
El Patriarca Mutilado, nos ilustra como la soberanía patriarcal, atravesó un proceso en el que lentamente, la posición omnipotente del padre ante el deseo y paradero de sus otros allegados, fue perdiendo valor, al contraponerse a el descubrimiento del hombre, que apoyándose en la invención del psicoanálisis Freudiano, realizó que poseía un inconciente y esto lo hacía dueño de su propia subjetividad y de sus propios deseos.
Los historiadores, confirman que a lo largo del S. XIX, se afirma y establece una revolución sentimental a lo largo de Europa, que concluye en la prohibición de los matrimonios de hombres y mujeres de distintas generaciones, los matrimonios prepuberales y la prohibición de las relaciones incestuosas.
La invención de la teoría psicoanalítica Freudiana, va a dar lugar, al sujeto que desea y por ende necesita, al sujeto que descubre poseer un inconciente. Este re-posicionamiento del sujeto, junto con la ley de la prohibición del incesto y de la confusión generacional, lleva a la invención freudiana, a convertirse en un nuevo paradigma de la familia afectiva contemporánea, donde el matrimonio, ya no iba a ser una imposición del deseo y la voluntad del padre ante sus hijos, sino una elección que dos personas hacían, basándose en el amor, la pasión, el deseo (propio) y el sexo.
Vemos así, como este largo proceso, va a destituir la posición que el padre ocupaba, como amo del deseo de sus hijos (y mujer).
Freud nos propone una estructura psíquica de la familia, en la cual el deseo sexual (la libido, amor), es el centro o base de la ley de alianza y filiación, entiéndase, la prohibición del incesto. A su vez logra establecer, a través de su planteamiento del deseo, a la familia que coacciona en las labores y que se ama, como la base de la civilización.
Esta nueva familia fundada en el amor pasional y en el deseo propio de cada uno de sus miembros, abre la posibilidad de que los sujetos cuenten con la posibilidad de entrar en conflicto o rebelarse ante su propia familia, dando cada vez mas cabida a la subjetividad y a las resistencias del inconciente. La estructura edípica del parentesco que Freud muestra al mundo, permite que todo sujeto acepte su naturaleza inconciente, de la relación existente entre los sentimientos de amor y odio.
Aunque liberales y conservadores, se oponían de distintas formas a los planteamientos de Freud, filósofos como Foucault, defienden el hecho de que Freud nos hace comprender, que el deseo inconciente, necesitaba de la ley del padre (ley de la alianza, de la consanguineidad prohibida y de la soberanía del padre) para romper con todo el antiguo orden de poder que existía. Por lo tanto, es debido al deseo, que la conciencia moral o la culpa moral, eran necesarias.
El modelo edípico de la estructura psíquica familiar, tomó en cuenta los movimientos de la represión y la exhibición de la sexualidad sin oponerlos, ejemplificando lo que la nueva organización familiar representaba: una estructura de vínculos afectivos, que sentaba sus bases en la sociedad civilizada, producto de la revolución sentimental, de el reposicionamiento del niño en la familia (que da cabida a la maternalización de la familia) y la división que se establece entre el deseo sexual y la procreación.
Para finales del S. XIX y principios del S. XX, los cambios en la estructura y concepción familiar ya habían sido interiorizados y valorados en el occidente, dando pie a la moral civilizada, que demandaba que el sentimiento de amor y pasión que antes solo podía verse en amantes, fuera ahora asumido por los esposos.
Una consecuencia de esta nueva relación matrimonial que se fundaba en el amor y la pasión, era la posibilidad de condenar, cualquier tipo de práctica sexual fuera del matrimonio, ya que no existía ahora, motivo alguno para buscar el placer libidinal, fuera del matrimonio.
Todos estos cambios, que lentamente fueron dando validez a la sexualidad y el placer de la mujer, así como el cambio de visión ante un niño, que deja de ser una “cosa que es producto de los padres”, y pasa a ser un sujeto, otorgan a la mujer un lugar en la familia, fuera del de esposa o madre y al niño un lugar distinto al de objeto. Este reposicionamiento, inevitablemente resulta en la imposibilidad del hombre para imponer su dominio unilateral, teniendo ahora, que tomar decisiones compartidas, que dieran valor al resto de los miembros de la familia.
Para mediados del S.XX, aparece Lacan, aportando lo que él consideraba ser el significante de la función paterna, a saber, El Nombre del Padre. Este aporte que plantea como la función paterna, en el orden de lo simbólico, viene a cumplir con la introducción de la ley y las normas en la vida del niño, y que a su vez, rompe con la relación simbiótica de completud imaginaria entre madre y niño, implicaba, que el padre podía ser considerado por muchos como el dador de esperma, pero que sin lugar a dudas, la función paterna no iba a limitarse a eso, sino a una nominación adoptiva.
Cabe mencionar, que propuestas como las de Melanie Klein, que propuso una línea psicoanalítica que se alejaba del freudismo clásico, propone que la practica psicoanalítica en niños menores de cuatro años, demostraba como esta relación madre-hijo, que tendía a anular la función separadora del padre, resultaba en trastornos patológicos psíquicos en los niños.
Por otro lado, años después, los aportes de Winnicott introducen un nuevo equilibrio entre las funciones maternas y paternas en relación a la crianza del niño, ya que sin importar que tan “buena” o “mala” fuera la función materna, no cabía duda, que la idea de la autoridad simbólica compartida, era lo más beneficioso.
A partir de la década de 1950 y en adelante, se dan una serie de cambios que cada vez más, desvalorizan la antigua postura del padre como soberano de la familia. Las funciones del padre se vieron cada vez más limitadas, y la civilización se deshace de expresiones como “jefe de familia” dando paso a expresiones como la “coparentalidad”; la legalización del aborto en la mayor parte de los países Europeos logran que la mujer tome control de su sexualidad y la procreación, mucho antes que de sus derechos civiles y políticos.
Con el pasar de los años, esta nueva concepción de familia se enfrenta a nuevos problemas, como el realizar que la pasión sexual entre las parejas que decaía con el pasar del tiempo, resultaba en una gran cantidad de separaciones y divorcios; esto da pie a que se dé una maternalización de la familia, que enfatiza la relación madre-hijo, ya que esta iba a ser la relación más estable y duradera del núcleo familiar.
No cabe duda, que aunque la familia haya atravesado largos procesos para establecerse tal y como la conocemos hoy en día, quedan ganancias para la raza humana que son indiscutibles. La caída del “imperio paternalista” que no daba lugar alguno a la mujer y al niño como sujetos, permite a la sociedad el inicio de una era en la que el valor de cada ser humano, es el equitativo.
No se puede ignorar el hecho, de que aunque por años se luchó por lograr dar cabida a que las parejas pudieran decidir quién sería su pareja, basando esta decisión en el amor, la familia occidental contemporánea, no necesariamente cuanta con un padre, una madre y sus hijos, debido a que como se menciona anteriormente, muchas veces el amor pasional se muere.
Son muchos los posibles escenarios de lo que se concibe actualmente por “familia”, por lo que debo decir, que los aportes del psicoanálisis, cobran un inmenso valor, ya que nos hacen comprender, el valor del orden simbólico de las funciones maternas y paternas en la formación de la subjetividad del niño.
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- Published:
- 2.10.10 / 11am
- Category:
- Jaques Lacan, Psicoanálisis, Psicología de la Familia, Sigmund Freud
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