El vínculo social y los cuatro discursos

Jacques Lacan dicta su seminario XVII, “El reverso del psicoanálisis” durante 1969 y 1970, y es allí donde encontramos uno de sus más importantes aportes a la teoría lacaniana, siguiendo la formalidad de la escritura algebraica (propia de su estilo): los cuatro discursos.

El discurso, para el psicoanálisis, remite a los significantes, en tanto estructuras que sostienen el lazo social por medio del lenguaje. El discurso antecede al sujeto, por lo que el sujeto viene a ser efecto del discurso, determinando éste su posición subjetiva.

Lacan va a plantear que el discurso es:

“Una estructura necesaria que excede con mucho la palabra (…) que en realidad puede subsistir muy bien sin palabras. Subsiste en ciertas relaciones fundamentales. Mediante el instrumento del lenguaje se instaura un cierto número de relaciones estables en las que puede ciertamente inscribirse algo mucho más amplio, algo que va mucho más lejos que las comunicaciones efectivas. Estas nos son necesarias para que nuestra conducta o eventualmente nuestros actos se inscriban en ciertos enunciados primordiales.” (Lacan citado por Carmona, 2002: 183).

Es a partir de los cuatro discursos de Lacan, a saber, el discurso del amo,  de la histérica,  del analista y el del universitario, que podemos comprender, en relación al discurso del sujeto, cómo es que el sujeto está dividido como sujeto de deseo, y a la vez, es en los cuatro discursos que podemos justificar el por qué de una intervención en análisis.

Es basándose en la lógica del significante y el significado, que Lacan tomará cuatro elementos -objeto causa del deseo (a), significante amo (S1), significante del saber (S2) y sujeto barrado ($)- y cuatro lugares -agente, verdad, otro y producción- para desarrollar sus cuatro discursos, como cuatro posibles tipos de lazo social que regulan las relaciones entre sujetos.

Estos cuatro elementos, se colocan en los cuatro lugares anteriormente mencionados de la siguiente manera:

Agente →   otro

Verdad    //   producción

Y sus posiciones rotarán un cuarto de vuelta, de manera tal, que su posición va a definir  el discurso y el lugar del agente lo va a denominar, ya que es el agente quien va a emitir el discurso, que irá dirigido al otro, con la intención de incidir en él.

Para que se pueda hablar en términos de vínculo social, deben existir -al menos- dos términos, y debido a que el hecho de que estos dos términos existan, no garantiza el hecho de que haya un vínculo entre ellos, alguno de los dos, tiene que tener la iniciativa de entablar una relación con el otro.

Quien toma la posición de iniciativa, asume un papel dominante en la relación, y será denominado: “agente”. El otro término de la relación, será llamado simplemente un “otro”. Una vez que “agente” y “otro” entran en un vínculo marcado por una impotencia, se obtendrá un resultante de dicha relación  que se llamara “producción” como efecto de la incidencia del agente sobre el otro.

Detrás de todo vínculo social, hemos de suponer que existe una “verdad”, que no necesariamente coincide con  las razones que el agente exprese lo incitaron a interpelar al otro. Por lo tanto, esta verdad es una verdad oculta, inclusive para el agente y así puede entenderse, como la relación entre la producción y la verdad está marcada por la imposibilidad.

Así, se llega a la estructura de los cuatro términos, que implica una relación de vínculo social, entre agente y otro, en la cual ninguno puede necesariamente apropiarse de la verdad o de la producción que de dicha relación resulta. Es por esto, que la verdad está colocada bajo el agente, separada por una barra al igual que la producción colocada bajo en otro. Esta barra, que representa al sujeto dividido entre consciente e inconsciente, hace referencia a la represión, a la castración.

Y es que si la producción que resulta de la incidencia del agente sobre el otro, está separada de quien la produce por esta barra y esto implica, que la relación entre la producción y quien la produce es indirecta. De igual manera, la verdad, siempre portada por el agente, siempre con estructura de ficción, fundamenta el accionar del agente a pesar de ser su punto más oscuro. Así, puede comprenderse como es lógico que la relación entre la verdad del agente y la producción que resulta de la incidencia de éste sobre el otro, este marcada por la imposibilidad.

Con respecto a los cuatro elementos que rotarán en los lugares ya elaborados, el significante amo representado por el “S1”, hace referencia al significante diferencial de cada sujeto que marca su subjetividad,  cuerpo e historia. Este es el significante a partir del cual parte la cadena de significantes anudados, que es representado por el “S2”, a saber, el significante del saber; saber inconsciente.

El “$”, representa al sujeto barrado, al sujeto del inconsciente, que esta castrado e incompleto, dividido por el lenguaje; es el sujeto bajo el efecto de la represión. Por último, está la “a”, representando el plus de goce, como el objeto causa de deseo. El objeto “a” es lo que queda por fuera de ese sujeto barrado, lo que queda por fuera de la cadena significante, un objeto ausente que precisamente por estar ausente, causa el deseo en el sujeto.

El discurso del amo, tal y como se muestra al terminar el párrafo, coloca al S1 (significante amo) en el lugar del agente, que intenta abordar al S2 (significante del saber) que ocupa el lugar de otro, mediado por la impotencia, y debajo del S1, coloca al $ (sujeto dividido) ocupando el lugar de verdad, en una relación imposible frente a su objeto a, que ocupa el lugar de la producción:

S1 →   _S2_

$     //    a

El discurso de la histérica, el del analista y el de la universidad, emplearán los mismos cuatro elementos, girando un cuarto de vuelta, de manera tal que cada elemento pase a ocupar el siguiente de los cuatro lugares, terminando el S2 en el lugar del agente, el ´a´ en el lugar de otro, el $ en el lugar de la producción y el S1 en el lugar de verdad, con el discurso de la universidad.

En una teoría -la psicoanalítica- en la que su esencia es la del discurso sin palabras, se tratará entonces de que se articule la inscripción de el rasgo unario. Lacan en sus cuatro discursos, nos presenta a un sujeto de la cadena significante, que está ligado a una pérdida (el objeto eternamente perdido), que está inscrito en un discurso. Y es precisamente esa pérdida, la que llevará al sujeto a buscar eternamente ese objeto perdido sirviéndole así como un motor para el discurso en el que está inscrito.


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